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Los Bravos de Atlanta inician la temporada 2026 con bajas sensibles en su rotación

El cuerpo de lanzadores de los Bravos de Atlanta enfrenta un complicado inicio de campaña 2026 tras confirmarse que Spencer Strider comenzará la temporada en la lista de lesionados. La baja del estela…

El Tizón Deportivo • March 23, 2026 9:15 pm
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El cuerpo de lanzadores de los Bravos de Atlanta enfrenta un complicado inicio de campaña 2026 tras confirmarse que Spencer Strider comenzará la temporada en la lista de lesionados. La baja del estelar serpentinero se debe a una distensión en el oblicuo, una lesión muscular en la zona abdominal que requerirá tiempo de recuperación.

Este inconveniente profundiza la crisis de profundidad en el pitcheo de la organización. La ausencia de Strider se suma a las cirugías de codo a las que fueron sometidos recientemente Spencer Schwellenbach y Hurston Waldrep, quienes pasaron por el quirófano durante las dos primeras semanas de los entrenamientos de primavera.

La dirección del equipo deberá evaluar ahora cómo reconfigurar su rotación abridora para los compromisos iniciales, mientras esperan la evolución médica de sus piezas clave. La pérdida de estos tres brazos de peso representa un desafío temprano para las aspiraciones competitivas de los Bravos en el presente curso de las Grandes Ligas.

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Otro lanzador abridorJoey Wentz, se perdió una rotura del ligamento cruzado anterior.

Strider, de 27 años, tuvo una temporada 2025 irregular, con un récord de 7-14 y una efectividad de 4.45 en 23 aperturas en su primera temporada completa tras recuperarse de la cirugía Tommy John.

El lanzador derecho tiene contrato hasta 2028 como parte de una extensión de seis años que firmó con Atlanta, y el equipo tiene una opción para 2029.

Así afecta al lanzador

Una distensión en el oblicuo afecta directamente la mecánica de un pitcher porque estos músculos son fundamentales en la rotación del torso, fase clave para generar velocidad y potencia en cada lanzamiento.

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Estudios biomecánicos han demostrado que más del 50% de la energía transferida al brazo proviene del core, especialmente de los oblicuos. Cuando hay una lesión, el lanzador pierde eficiencia en esa cadena cinética, lo que puede traducirse en una caída de 1 a 3 millas por hora en la velocidad de la recta y menor “spin rate“, afectando el movimiento de sus pitcheos.

Además del impacto en el rendimiento, esta lesión limita la repetición mecánica, algo crítico en MLB.

Un pitcher con molestias en el oblicuo tiende a compensar con el brazo o la espalda baja, lo que reduce el control: es común ver aumentos en el WHIP (bases por bolas + hits por inning) y en la tasa de boletos.

Por ejemplo, análisis de lesiones en Grandes Ligas muestran que pitchers que regresan de problemas en el oblicuo pueden ver incrementos de hasta 10–15% en su BB/9 (boletos por cada 9 entradas) durante las primeras semanas, reflejo de la falta de estabilidad y sincronización en el movimiento.